La batalla por la serenidad
En el cuerpo humano, la muerte ocurre a nivel microscópico cada segundo. Sin embargo, muchas de esas bajas internas pueden evitarse. La clave no está en la medicina, sino en la disposición de un estado mental sereno.
La moratoria del alma
Celebro, hoy, la moratoria de pagos a mis acreedores. No permito más una preocupación por una célula, ni una neurona sacrificada al miedo.
Celebro mis muertos como la unidad que soy, con sus bajas constantes y sus escasos nacimientos. En esta batalla del ayer contra el mañana, las ganas lucen tiradas en el presente, agotadas por la contienda.
El vagón de los angustiados
La ifamia del temor armoniza con los desazones; en este estado, las alegrías parecen inexistentes. Me pierdo en la avalancha de los angustiados y, en el horizonte del andén, espero la llegada del tren.
El vagón está repleto:
Rostros apagados que han olvidado el brillo.
Cuerpos pesados de angustias que exhalan sustancias somníferas.
Muecas regaladas que asesinan el ánimo a su paso.
La quimera del ser
No me quejo de la educación que recibí ni de las deudas que adquirí. He decidido levantarme de la golpiza de los intereses paganos.
A veces, me siento como una quimera en mi propio país: un mexicano cuya voz parece no escucharse y cuya palabra nunca es leída. Pero aquí sigo, transformando la angustia en consciencia.
Reflexión final: La verdadera resistencia no es económica, es biológica y mental. Mantener la calma en el caos es el mayor acto de rebeldía.



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