Volver los Pasos: Memorias de la Secundaria 39 (1986-1989)



Hay momentos en los que el presente nos obliga a mirar el retrovisor. Hoy, al ver a mi hija cursar el segundo año y notar su resistencia a asistir a clases, no pude evitar realizar ese ejercicio de "volver los pasos". Mis pies, por memoria propia, recordaron las caminatas desde la "panadería", trazando la ruta diaria hacia nuestra escuela.

¿Cuántos metros habremos recorrido? Recuerdo la Dirección , las risas que rebotaban en las paredes de la Secundaria 39, "Ramón Domínguez Ramón". Eran tiempos de la generación 86-89, donde el destino se sentía como algo que podíamos moldear con las manos, aunque hoy sé que el pasado no se justifica, simplemente se integra a lo que somos.

Imposible olvidar los "DINAMOS". Nos íbamos a la Magdalena Contreras; éramos un grupo unido por la complicidad de la adolescencia. Siempre presentes, y aquellos apodos que nos daban identidad: como cuando me creía una CUBEta intentando descifrar la vida.
Recuerdo ser llevado a un estacionamiento de los edificios E y un sonido accidental que nos enseñó más de reflejos que cualquier clase de física. O las veces que, en el taller de Carpintería, mi única habilidad fue grabarme cicatrices en los dedos y en la palma de la mano, en lugar de terminar un mueble decente.

La memoria también se construye de lo que no fue.
Oaxtepec: Aquellos viajes que perdí y que hoy guardo como una asignatura pendiente.
Ser el chambelán
La estética del momento: Mario y su bigote prematuro, no sabía hacerme el nudo de la corbata para la ceremonia del Grito de Independencia. Gestos pequeños que hoy pesan como anclas de cariño.

Cada vez que el pasado ocupa el presente de forma siniestra o melancólica, entiendo que no es para lamentarse, sino para aprender. Mis recuerdos son escasos, quizá por eso tengo la urgencia de realizar nuevas memorias.

Hoy mi hija no quiere ir a la escuela, y aunque entiendo su sentir, quisiera decirle que esos pasillos, esos accidentes con el cepillo de carpintero y esas corbatas mal puestas, son los que terminan por definirnos. El aprendizaje no termina en el aula; empieza cuando decidimos volver los pasos para entender hacia dónde vamos.

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