Los viajes de un número
Ellos sabían de mí cuando entraba, cuando salía. Yo sabía de ellos nada; pero sabía documentar la estancia entrada-salida que ellos no sabían, entonces sirvió que cada uno de mis viajes intenté describir a detalle el sentir de cada acción, inmerso en la marea de números que viajamos sin nombre.
Al pasar el tiempo decidí dárselos, la reacción fue de grata sorpresa: los espacios tuvieron sentido, las indicaciones eran congruentes a mi necesidad, entre tantos artilugios de los que somos presas los números me encontré útil, convidado del futuro que tanto añoraba, ¡la ecuación tenía sentido! Me inundé de alegría, participé de las mieles de la perfección, me sentí único y valorado.
Las pantallas de ISA por fin informaban en un cintillo verde la cantidad de números por vagón, el tiempo estimado de llegada del convoy y la situación de mis rutas. Subí al expreso de mi primer transbordo, sin contratiempos llegué al segundo, en el tercero las pantallas de ISA me informaron de una ruta alterna o asumir una espera de 5 minutos, que el retraso se debía a un extraordinario meteoro ocurrido.
Compartir mi nombre, los obligó a compartir sus necesidades de servicio
Comentarios
Publicar un comentario